Quizás mi memoria me traicione, pero la primera vez que los vi fue en una exposición de juguetes antiguos que se realizó en La Moneda y, siendo sincera, me parecieron simples cartones con dibujos por lo que no les presté mayor atención. Al lado de coches antiguos, muñecas de principio de siglo y todo tipo de artefactos de madera, los Recortables Royal no lograban gran protagonismo.
Debieron contarme un par de historia para caer en cuenta que esos simples cartones –como me parecieron en un comienzo– eran los antecesores a aquellas cartulinas diseñadas que en más de una ocasión me facilitaron el trabajo en las clases de Técnico Manual, cuando aún cursaba la enseñanza media.
Con las lágrimas a punto de brotar, mi interlocutor comenzó a relatarme cómo, en su más tierna infancia, esos eran los tesoros más preciados que podían llegar a obtener, por los que eran capaces de privarse de golosinas y ahorrar durante semanas el vuelto del pan para adquirir uno y luego armar, con suma prolijidad, cada una de sus piezas.
Mientras escuchaba esas anécdotas, inundaron mi memoria las imágenes de niña, cuando junto a mi hermana, jugábamos tardes enteras a cambiar el orden de nuestra habitación para crear distintos refugios. Guardando las proporciones, supongo que debieron ser bastante similares las emociones de cortar y pegar para confeccionar esas viviendas con las de mover camas y cómodas para organizar un nuevo cuarto.
Varios meses después, los Recortables Royal volvieron a protagonizar una conversación. Con brillo en los ojos, una amiga nos narraba el descubrimiento de una librería que, detenida en el tiempo, aún los comercializaba. Sin pensarlo mucho y siguiendo todas sus instrucciones, me dirigí a la Avenida Matta para comprar de regalo un par de ejemplares.
Me costó dar con el local, sin ningún letrero publicitario pasaba completamente desapercibido entre el resto de los almacenes, pero apenas lo encontré y me enfrenté a sus vitrinas, entendí que estaba ante un pequeño pedazo de nuestra historia. Tras tocar el timbre e ingresar, comprobé que cada uno de los objetos a la venta, incluso el papel para forrar cuadernos escolares, merecían un lugar destacado en las ferias de antigüedades. La librería era, definitivamente, el sitio ideal para los encargados de ambientar películas y series basadas en décadas pasadas.
Antes de marcharme, decidí llevar dos recortables, un ejemplar para colorear y otro para aprender a leer. Todo sea por regresar al presente esos buenos momentos del pasado.

Beatriz, me podrás dar las coordenadas de esta libreriía mítica y poder comprar tb aquellos inolvidables recortables apra mis hijos y así ellos disfruten lo que yo disfruté cuando pequeño ???
ResponderEliminarPoooor fisssss
Saludos y gracias por tu publicación.
paillan@me.com
hola, por cosas del destino termine en esta pagina.. yo soy el nieto del que atendía ese local,mi abuelo falleció hace ya 1 año mas o menos y ahora estamos vendiendo todas las cosas del bazar que tenia por favor si estas interesada contactame a mi facebook https://www.facebook.com/juanmanuel.cornejo.3
Eliminaro a mi wsp +56976147776