martes, 7 de febrero de 2012

Para que después no termines compadeciéndote



Tokio Blues (Norwegian Wood), Haruki Murakami

"En este mundo hay gente que, a pesar de estar dotada de un talento excepcional, son incapaces de realizar el esfuerzo necesario para sistematizarlo, y su talento se acaba malogrando (…) ¿Por qué? Porque no se esfuerzan. Porque jamás les han inculcado el sentido de la disciplina. Porque los han estropeado. Y acaban concibiendo el tesón como una estupidez". 

En esta lección de vida pronunciada por Reiko, amiga del protagonista de Tokio Blues, se comprime una de las razones de la frustración que agobia a la sociedad actual: todos estamos provistos de dones únicos, pero la razón del éxito radica en que sólo unos pocos tienen el coraje de aceptar el rigor y la constancia como norma de subsistencia.

En Tokio Blues, de Haruki Murakami, el suicidio de Kizuki tiñe para siempre la vida de su novia Naoko y su mejor amigo Watabe. Tras el ingreso a la secundaria, los dos se reencuentran e inician una peculiar relación marcada por la incomunicación, para volver a distanciarse tras la repentina desaparición de Naoko. Watabe se refugia en la soledad – que no le incomoda mayormente – y sólo la aparición de la joven y extrovertida Midori junto a Hagasawa, camarada de la residencia, serán sus principales y, por qué no, únicas, distracciones y contactos con el mundo exterior. Ese mundo donde el amor y el sexo son amables compañeros.

A pesar de la melancolía que acompaña al protagonista, parece comprender a cabalidad el consejo que le ofrece Hagasawa: "No te compadezcas a ti mismo. Eso sólo lo hacen los mediocres". Y entiende que sólo queda salir adelante y encargarse de las decisiones: ese es el precio que se debe pagar al optar por la vida.

El libro cuenta, además, con una de las más notables lecciones de periodismo y narrativa: el único truco es escribir lo que otra persona no podría, sentencia Midori al explicar su trabajo como reseñadora de mapas:
    “- No hace falta escribir nada del otro mundo. (…) Basta con redactar algo decente. Anécdotas visuales, emotivas.
-        Sí, pero debes buscar todas esas anécdotas y no debe de ser fácil.
-        Tienes razón, pero si las buscas las encuentras. Y si no las encuentras, siempre puedes inventarte algo. Algo inofensivo, claro.”

En Tokio Blues, la soledad es la principal protagonista. Y sus personajes entienden que la única salida es aprender a vivir con ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario