En mi reciente viaje a Concepción, al toparme de narices frente a un ejemplar de “Toda Mafalda”, recordé un pequeño cuento publicado en el Diario El Sur, un domingo 11 de marzo de 2007. Aquí se los dejo:
No faltaba más
“Cómo no te voy a querer, cómo no te voy a querer”, le cantan a la roja cuando va perdiendo 5-0. Pero Margarita lo decía con razón, cómo no iba a querer a Mafalda. Si había estado en todas, peor que perro faldero, compitiendo a diario con la mejor de sus amigas.
La conoció cuando aún no alcanzaba el metro de altura y buscar ilustraciones en los libros era el mejor de los pasatiempos. Podía pasar horas revisando minuciosamente hoja por hoja hasta dar con alguna y, así, intentar dilucidar el misterio que se escondía tras ellas. Porque por cierto en ese entonces Margarita aún no sabía leer. Y cuando encontró ese libro de tapas plateadas lleno de extraños dibujitos, no existió mejor incentivo para aprender. De tanto leerlos, lo fue memorizando y de ahí no la abandonaron más, nunca más. Siempre recordaba alguno, estuviese donde estuviese, siempre había uno acorde a cada situación. Incluso, años más tarde, cuando perdió a uno de los que más quería, no faltó aquel que en un intento por consolarla le repitió lo de siempre: “No eres la única que sufre, piensa en los demás”, y otra vez apareció entre las sombras Mafalda junto a Felipe angustiado por la vuelta a clases… al diablo con los demás, ¿acaso no entienden que la angustia no es un conventillo?

yo recuerdo a Margarita trepando por la biblioteca... !!!
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