Prólogo del libro "El último manual de los bebedores de Tito Matamala", de Lolitas Editores, año 2012.
Tras años intentando sanar las penas en
infinitos brebajes, Tito Matamala, penquista por adopción, contactó a
un editor de Santiago mediante carta – aquel viejo sistema – para
proponerle escribir un libro sobre copetes y cantinas. Era el verano de
1998. Al fin y al cabo, si algo había aprendido en las eternas noches
de botellas era a distinguir los tipos de alcoholes y sus respectivos
bebedores. Y, una vez más, el destino y el azar confabularon en su
favor: después de cuatro meses de extravío, y con casi todas las
esperanzas perdidas, la misiva llegó a puerto y el editor dio señales
de vida. Quería ese libro: “Manual del buen bebedor”.
Así podría resumirse el comienzo de estas publicaciones bebestibles, de las que hoy celebramos su quinta versión. Sin
embargo, la idea había nacido mucho antes. En la novela “Hoy recuerdo
la tarde en que le vendí mi alma al diablo”, de 1995, Tito anuncia, por
primera vez, sus intenciones de plasmar sus conocimientos como una guía
para quienes recién se adentran en estas lides. Dice el narrador: “Fue en el Vittorio donde con Claudio Solo proyectamos escribir el Manual del Buen Bebedor, a fin de que la experiencia acumulada se conserve para futuras generaciones de borrachos”.
Ante le pregunta de cuál sería hoy su principal consejo, Tito
no demora en responder enérgicamente que siempre se debe evitar caer en
el romanticismo absurdo de consumir cualquier porquería, como el mezcal
o el licor de ajenjo. Para el autor, beber tiene más relación
con el acto de saber disfrutar de la vida: “los buenos bebedores son
quienes no se cambian de caballo y son capaces de degustar de un buen
vino reserva. Y nada más”.
Aunque no todos los libros lograron
fortuna, hubo uno que permitió que, por única vez, el nombre de Matamala
apareciera en los rankings de los más vendidos. Y si bien la presente
edición pasa a incrementar el mito de viejo lobo de mar, Tito
anuncia que éste será el último libro sobre copetes que escriba y
publique. En sus palabras, “no quiero seguir sacándole más manteca al
tema”.
Hoy, Matamala reconoce que está
retirado de las pistas, pero eso no evita que aún lo desafíen, cual
pistolero del viejo oeste, para medir fuerzas frente a unos whiskys, los
veteranos. Unas piscolas, los estudiantes. Y unos terremotos,
los imberbes que no respetan sus hígados. Pero Tito es enfático, ya no
cae en esas trampas: “maduré”, declara. Al menos podrá degustar el sabor
de la victoria: jugó en las grandes ligas y supo retirarse a tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario